Este verano, ¡Deja que tu estómago también disfrute!

Este verano, ¡Deja que tu estómago también disfrute!

Estrés, horarios, lluvia, días interminables…ese deseo incontrolado de que llegue el verano y consigo las vacaciones para dejar atrás la dura rutina y poder disfrutar de nuestro tiempo libre. Parece que no llega nunca pero, por fin, damos comienzo a esas escapaditas improvisadas o planificadas con mucha ilusión: reuniones con amigos o familia, baños, sol, chiringuitos y, seguramente, mucha cerveza fría. Sin embargo, también estamos dando rienda suelta a las digestiones pesadas, acidez, estreñimiento y mareos provocados por la deshidratación. Nos vamos de vacaciones, pero pretendemos que nuestro estómago trabaje horas extras sin descanso.

 Parece imposible, pero podemos evitar esas situaciones sin sacrificar nuestra diversión veraniega tan soñada.

¿Cómo lo haremos?

¡MUCHA AGUA Y FRUTA DE VERANO!

En primer lugar, mantener una buena hidratación nos va a quitar muchos dolores de cabeza. Todos sabemos que hay que beber 1 litro y medio de agua al día en condiciones normales. Sin embargo, estar 3 horas al sol como un lagarto (o bajo la sombrilla, que a día de hoy no se considera un bunker contra las radiaciones ultravioletas) va a favorecer que perdamos agua y electrolitos en forma de sudor como mecanismo de defensa contra nuestro amigo Lorenzo. Si a esto le sumamos la solución popular de beber mucha cerveza para reponer líquido, ¡apaga y vámonos! La cerveza, al llevar alcohol, igual que los mojitos tan de moda ahora en las playas, favorece la pérdida de agua en su proceso metabólico una vez que lo ingerimos.


Es por ello, que no sólo hay que beber mucha agua, sino que nos vamos a sentir mejor si aprovechamos para consumir frutas de temporada que tengan un alto contenido hídrico y nos ayuden a reponer minerales como magnesio o sodio. Estas frutas son por ejemplo, el melón, la sandía, el albaricoque, la ciruela, el tomate o los arándanos.
Además, es muy fácil y económico tener siempre una a mano.



¡EL SECRETO ESTÁ EN LA FORMA EN QUE BEBEMOS Y COMEMOS!

Lo que bebemos es importante, pero si queremos evitar hinchazón de estómago, reflujo o estreñimiento, también hay que considerar los alimentos que comemos.

Una forma muy simple de evitar los odiosos gases  es no beber mientras se come, sino intentar hacerlo antes y comer lo más tranquilo posible, que para eso estamos de vacaciones. Bien es cierto que solemos comer acompañados, por lo que el riesgo de atragantarnos por intentar contar el chiste que nos encanta al mismo tiempo que nos tragamos un boquerón prácticamente entero, existe y si antes hemos dicho que no conviene beber agua mientras comemos, ¿Qué hacemos si nos atragantamos? ¡Que no cunda el pánico! Si masticamos bien, despacito (como la canción del verano), y escuchando las conversaciones de nuestros compañeros comensales, no hay peligro de que esto ocurra. Disfrutaremos de una conversación amena y una digestión menos pesada que si comemos rápido, con prisas y sin parar de hablar. Pero esto no es la panacea, podemos almorzar muy tranquilos, pero si el menú del día es muy copioso o rico en grasas como las frituras, la probabilidad de tener una digestión molesta aumenta exponencialmente. De este modo, podemos disfrutar del pescaito que tanto nos gusta, sin abusar del frito, apostando por técnicas culinarias distintas como la brasa, la plancha o el horno (a ver quien le hace ascos a unas sardinas a la brasa o a una merluza a la plancha). También podemos aprovechar para pedir guarnición de ensalada en vez de patatas fritas en la comanda, y así optimizar el plato por aprovechar el contenido hídrico de la lechuga y el tomate, y la alta concentración de licopeno de este último, que nos asegurará un bronceado más natural y seguro.
¡Todo son ventajas!

Por otro lado, siento deciros que el hecho de estar de vacaciones no va unido al de estar todo el día comiendo. Estos dos conceptos son muy difíciles de separar porque tenemos la suerte de tener la gastronomía muy arraigada en nuestra vida social. Sin embargo, lo ideal sería intentar agrupar nuestro picoteo en comidas principales para que el motor de nuestro sistema digestivo no tenga que estar en funcionamiento todo el día y nos empiece a dar problemas. Últimamente se está fomentando la idea de comer 5 veces al día, pero hay que tener mucho cuidado, ya que no existen evidencias acerca de si comer 5 veces te va a dar más beneficios a nivel de salud que si se realizan 4, o incluso 3.
Resulta mucho más saludable hacer 3 comidas seleccionando alimentos de calidad que intentar realizar las 5 con alimentos tipo snacks, comida rápida o alimentos ultraprocesados como puede ser un néctar de frutas.



¡SELECCIONA LO QUE COMES!

La selección de los alimentos que decidimos que van a formar parte de nuestra dieta es una responsabilidad muy grande para nuestra salud, pero no podemos olvidar su higiene y conservación. No hace falta irse a la puerta de urgencias del hospital de turno para saber que las gastroenteritis e intoxicaciones alimentarias en verano suben como la espuma. El calor tan excesivo que hace que nos derritamos como bombones al sol (o a la sombra) es el mejor aliado para que algunas bacterias colonicen los alimentos. Los síntomas frecuentes son: nauseas, vómitos, dolor de estómago, diarrea, deshidratación e incluso calambres musculares. La mejor opción ante esto es su prevención. Para ello, debemos:

-          Revisar la temperatura de nuestro frigorífico y así asegurarnos que funciona correctamente.

-          No hacer grandes compras de productos perecederos para evitar que empiecen a deteriorarse y nos veamos obligados a consumirlos en mal estado por no tirarlos a la basura (eso sí, con un buen chorreón de limón para camuflarlo).

-          Lavar muy bien tanto las frutas y verduras que vayamos a consumir (aunque vayamos a pelarlas) como los utensilios que utilicemos, sin olvidar las manos, para evitar las frecuentes contaminaciones cruzadas.

 Los alimentos de mayor riesgo son aquellos que vamos a consumir prácticamente sin cocinar, como el huevo y sus derivados (mayonesa casera, productos de pastelería), salsas, carnes o pescados poco cocinados, productos cárnicos cocidos (salchichas, patés, fiambre).

También debemos tener la precaución, mientras cocinemos, de separar los alimentos crudos de los cocinados por el mismo motivo de la contaminación cruzada.

¡A POR UN SALUDABLE VERANO!

Después de la lectura de este post, creo que nos ha quedado claro que no hay mejor forma de gozar de unas felices vacaciones que con buena salud y para eso, la alimentación que llevemos va a ser un pilar fundamental. De todos modos, no dejéis de visitar a vuestro dietista-nutricionista ante cualquier duda para que os asesore en todo lo que haga falta.


¡Feliz y saludable verano!





Ana Pinilla Fernández

Farmacéutica experta en Nutrición Humana y Dietética

Farmacia I+ Nervión Sevilla 2

9 Comentarios

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      Tere Luna
      may 29, 2017

      Me ha gustado mucho tu reflexión sobre la alimentación a las puertas del verano

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      Isabel Carazo Dorado
      may 29, 2017

      Enhorabuena por el artículo, con una información muy completa y sobretodo muy útil y práctico.

    • Avatar
      Mercedes
      may 29, 2017

      Me ha gustado muchisimo el articulo referido a la alimentacion enhorabuena

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      Mercedes Roman
      may 29, 2017

      Me ha gustado muchisimo el articulo referente a la alimenta ion enhorabuena

    • Avatar
      Laure
      may 29, 2017

      Enhorabuena por el articulo! Muy bien estructurado y sencillo de leer y entender. Ya estoy deseando tu siguiente artículo!!

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      Ana Fernández
      may 30, 2017

      Muy interesante y ameno. Me ha encantado!

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      Montse
      may 30, 2017

      Muy bueno el articulo de la alimentación en verano. Gracias por los datos

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      Lucía H Franch
      may 30, 2017

      Buenísimo el artículo. Muy interesante. Muchas gracias

    • Avatar
      Lucía H-Franch
      may 30, 2017

      Buenísimo el artículo. Muy interesante. Muchas gracias

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